martes, 22 de diciembre de 2009

Historia de la tauromaquia. La polémica fiesta nacional.

¿PUEDE DESAPARECER LA LLAMADA "FIESTA NACIONAL"?
LA PROHIBICIÓN DE LOS TOROS LLEGA AL PARLAMENTO CATALÁN.

El día 18 de diciembre, el Parlamento de Cataluña tomó en consideración para su discusión, la abolición de la fiesta taurina en Cataluña. No es la primera vez que se toma una decisión semejante. En 1991 el parlamento canario abolió la fiesta de manera definitiva en las islas. Esta decisión ha incrementado el eterno debate entre los partidarios de la fiesta y los detractores. Pero esta vez se han mezclado cuestiones políticas. Para algunos medios (sobre todo conservadores) esto es una nueva muestra de de la falta de respeto de los catalanes hacia los símbolos españoles. Es muy difícil aceptar este razonamiento, ya que la lucha contra la llamada "fiesta nacional" tiene mucha tradición en Cataluña, independientemente de la coyuntura política.
La practica de la tauromaquia tiene una enorme tradición en la península, aunque no con las normas y vestimentas que acostumbramos a ver en las corridas de toros. Desde la Edad Media eran habituales los espectáculos de alanceamiento de toros, a los que era muy aficionado Alfonso X el Sabio. Una pervivencia de esta costumbre es el trístemente célebre festejo del "toro de la vega" de Tordesillas. Esta costumbre fue evolucionando hacia un festejo regulado en espacios acotados (generalmente las plazas principales de ciudades y pueblos) dónde se sustituye el alanceamiento por encierros de varas o rejoneo (antecesor del toreo). En el siglo XVIII, el festejo estaba muy extendido y se realizaba en casi todas las poblaciones con motivo de las fiestas patronales. Las normas de las corridas actuales, así como la vestimenta, quedan establecidas en este siglo. Los toreros se convirtieron en figuras famosas, que gozaban de la admiración de los ciudadanos. Francisco de Goya, muy aficionado a los toros, pintó los festejos de Carabanchel y Torrejón, sin ahorrar detalles escabrosos de cogidas y muertes trágicas. Los gustos del público se inclinaron cada vez más por los toreros a pie. Se hizo necesaria la protección de los caballos, ya que era habitual la muerte de muchos de ellos en las acciones de los picadores. Las plazas de toros, conocidas también como "cosos taurinos", se construyeron en las principales capitales de provincia y se convirtieron en un elemento típico del paisaje urbano español. La tauromaquia también está presente en Portugal, sur de Francia e Iberoamérica. El mundo de los toros y la cultura, se mezclaron con asiduidad. Muchos toreros famosos formaron parte de las principales tertulias. Picasso, Ortega y Gasset o Federico García Lorca, fueron admiradores de la fiesta y del valor de los toreros.
Pero ya en el siglo XXI, las cosas han cambiado bastante. Las encuestas demuestran que la fiesta taurina está en franco retroceso, ya que no forma parte de los gustos de las nuevas generaciones. Según una encuesta del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas.2007) al 68% de los españoles no les interesan los toros "en absoluto". El gobierno gasta más de 500 millones en subvenciones para la "fiesta nacional", que incluyen la cría del toro bravo y todas las actividades económicas que rodean a la fiesta. El debate en contra del toreo suele girar más habitualmente en torno al daño infringido al animal. Las asociaciones en defensa de los animales describen el enorme sufrimiento del toro durante la corrida. Se trata de un animal asustado, desorientado y mareado, con el ritmo cardiaco en su nivel más alto, agredido por banderilleros y picadores, y finalmente ejecutado con un enorme estoque clavado en el cuello. La sangre mezclada con la arena forma parte del "festejo" y muchos extranjeros asisten con asombro y repugnancia a la llamada "fiesta nacional".
Por tanto, los argumentos sobre la larga tradición se enfrentan a las razones en defensa de los animales. Lo que resulta innegable es que al toro nadie le pregunta y su sufrimiento resulta un hecho objetivo innegable. Ante el rechazo que este festejo provoca cada vez más en la gente joven, es probable que acabe desapareciendo por sí solo. Pero también resulta conveniente plantearse si los parlamentos que representan a la mayoría de los ciudadanos pueden prohibir la fiesta o si esto atenta contra la libertad de los aficionados. El origen de todo el conflicto reside en la baja protección que las leyes españolas dan a los animales. El maltrato animal (incluso a nivel doméstico) sale muy barato en España, mucho más que en el resto de Europa. Somos el lugar de Europa donde las mafias que compiten con galgos, gallos de pelea y perros de presa, encuentran el paraíso, debido a las bajísimas penas aplicadas por estas prácticas. Pero es imposible aumentar la protección animal sin chocar con la fiesta taurina. El mantenimiento de los toros impide la protección de todos los animales maltratados, incluidos los que son criados de manera miserable en granjas para el consumo humano o la utilización de sus pieles. Y no se puede avanzar en este aspecto dejando a un solo animal de lado, como si no mereciera la misma protección que los demás.

1 comentario:

  1. La tauromaquia es un error histórico y cultural que cabe erradicar de la vida pública, por más que duela. Y no sólo en Cataluña, sino en todo lugar donde se "celebre". Me ha gustado el artículo, muy equilibrado, tratando de plasmar los puntos de vista de ambos "bandos". Ahora bien, en lo que creo están equivocados los taurinos es en llamar a su "espectáculo" una "libertad". No hay libertad para torturar y matar animales. El derecho del toro a no sufrir tortura y escarnio públicos está por encima del derecho de unos pocos a "divertirse".

    Lo que tampoco es exacto es que se haya tenido que llegar al siglo XXI ("cuando las cosas han cambiado bastante") para que se cree un movimiento para la abolición de esa cosa. Los intentos de abolición han sido constantes debido a la falta de ética y al poco fondo moral y cívico de dicho espectáculo, desde el mismo momento en que esa cosa comenzó a convertirse en espectáculo de masas en España. Las hemerotecas dan fe de los intentos de muchos y muy honrados y cívicos ciudadanos por abolir esta nefasta costumbre.

    La Araña Peluda: La abolición de la tauromaquia es una bonita tradición

    salu2!

    ResponderEliminar