sábado, 30 de enero de 2010

Bela Bartok

BELA BARTOK (1881-1945)
EL COMPOSITOR DE LA INQUIETUD OCULTA.
Bela Bartok nación en 1881, en una Gran Hungría cuyo futuro era la disgregación irremediable. Su aldea natal era una pequeña localidad de Transilvania, que hoy forma parte de Rumanía. Era hijo de un maestro de escuela. Cuando su padre murió, el pequeño Bela creció sin hogar fijo, trasladándose de un lugar a otro dependiendo del destino de su madre, que trabajaba de institutriz. Creció en diversas poblaciones que hoy pertenecen a Ucrania, Eslovaquia o Rumanía. Esto le permitió, desde muy joven, observar el folklore húngaro repartido por un amplio territorio. Estudió piano y composición en la Academia de Música de Budapest. Una de sus grandes obsesiones fue la recopilación y conservación de la música de los campesinos magiares, que inspiraron buena parte de su obra. Bartok recorrió los pueblos de la Gran Hungría, con un fonógrafo donde registraba la música tradicional del pueblo húngaro. Escribió una única ópera: El Castillo de Barba Azul. En esta época sus obras fueron despreciadas y consideradas extravagantes. Hoy son aceptadas como obras maestras. A lo largo de su vida, Bartok no dudó en experimentar con todas las vías abiertas por los compositores experimentales del dodecafonismo, aunque núnca se identificó plenamente con ellos. Utilizó un sistema diatónico muy personal, basado en la música folklorica, que núnca desveló claramente y ha sido descubierto posteriormente por los investigadores. Durante toda su vida, transmitió su personalidad atormentada a sus composiciones musicales. Su compromiso político fue muy claro. Tras la Primera Guerra Mundial la Gran Hungría que le vió nacer se disgregó, y nació la pequeña Hungría que hoy conocemos. Era un momento de graves convulsiones revolucionarias. Cuando Bela Kun proclamó la breve República Soviética de Hungría, Bartok se hizo cargo de la dirección cultural del nuevo régimen. Se trataba de una pequeña Hungría que había perdido más de la mitad de su territorio. El fracaso de este experimento izquierdista y la llegada del fascismo húngaro, le llevó a huir al extranjero. Vivió en Estados Unidos desde 1942, donde pasó grandes dificultades. No era conocido y su música no parecía interesar demasiado a la acomodada clase alta americana. Allí compuso sus famosos Concierto para orquesta y Música para cuerda, percusión y celesta, que no obtuvieron gran éxito. Cuando Bartok componía estas obras, su situación de pobreza era crítica y se hallaba gravemente enfermo. En 1945 murió en Nueva York, víctima de una leucemia. Su cuerpo fue enterrado en uno de los cementerios más humildes de Nueva York, el de Harstdale. Posteriormente, en 1989, el gobierno húngaro pagó el traslado de sus restos a un cementerio de Budapest. Bartok dejó un gran catálogo de obras, algunas inconclusas. En ellas, la música tradicional húngara y la influencia vanguardista del dodecafonismo, generan unas melodías que parecen mostrar lo más inquietante del alma humana. El director de cine Stanley Kubrick utilizó su Música para cuerda, percusión y celesta como banda sonora de su película El resplandor. Sin embargo, su nombre apenas era visible en los créditos. Hoy en día su música ha alcanzado el reconocimiento que se merece, y está considerado como uno de los grandes compositores del siglo XX. Su Concierto para orquesta, compuesto cuando Bartok y su mujer pasaban por una situación de extrema pobreza, es hoy estimado como una de las grandes composiciones del siglo XX. Su obra transmite una extraña inquietud, que parece reflejar los más profundos temores del alma humana. Bartok es para la música , lo que Kafka es para la literatura.


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