viernes, 8 de enero de 2010

Salvemos el Cabanyal

EL CABANYAL DE VALENCIA. UNA JOYA EN PELIGRO.

En la mayor parte de las ciudades españolas, la existencia de un pequeño y cuidado barrio de pescadores es considerado un lujo. Este tipo de barrios (como en Cádiz, La Coruña, Hondarríbia e Ibiza) son convertidos en un atractivo turístico por la originalidad de sus trazados y casas. En todos los lugares, menos en Valencia.
El barrio valenciano del Cabanyal surgió en el siglo XIII, es decir, poco después de la conquista de la ciudad a los musulmanes. Se trataba de un grupo de barracas alineadas donde vivían las familias de los pescadores. Los monarcas de la Corona de Aragón apoyaron este asentamiento, ya que buscaban la repoblación de la zona. Solo empezó a denominarse Cabanyal desde el siglo XV. En el siglo XVIII ya existían más de doscientas barracas de madera, y los pescadores se habían organizado en gremios para dialogar con las autoridades. Es por tanto un barrio históricamente combativo. Los conflictos con el ayuntamiento fueron constantes, por la delimitación de la zona de costa para uso pesquero. En 1789, mientras Francia realizaba su revolución, se inició la "regularización" de los habitantes del barrio. Se ordenó que todos los vecinos iniciaran trámites burocráticos para "legalizar" sus casas. La mayor parte de ellos eran analfabetos y tuvieron que buscar ayuda para legalizar unas propiedades que ya eran suyas. En 1796 un gravísimo incendio destruyó buena parte del barrio. Fue entonces cuando se planteó la necesidad de nuevas viviendas. Durante la Guerra de la Independencia, los pescadores hicieron frente de manera valerosa a las tropas francesas para defender su barrio. Muchos uniformes de granadero robados a los franceses fueron después lucidos con orgullo en la Semana Santa Marinera. Durante el siglo XIX, la fisonomía del barrio cambió definitivamente. Las viejas barracas de madera fueron sustituidas por casitas de una o dos plantas. El barrio se organizó como un municipio con ayuntamiento propio: Pueblo Nuevo del Mar. Se realizó el trazado definitivo en cuadrícula y se dotó de mercado, teatro e iglesia. En 1897 el municipio se une a Valencia. A finales del siglo XIX y principios del XX, el modernismo valenciano se instaló en el barrio. La cercanía al mar había convertido el Cabanyal en un lugar apropiado para pequeñas casas de recreo de la burguesía valenciana. El estilo modernista del Cabanyal mezclaba las nuevas corrientes europeas con el arte popular. El resultado fueron viviendas muy originales y una gran lonja de venta de pescado. El Balneario de las Arenas se convirtió en un lugar de moda. Este barrio y su playa inspiraron cuadros de Sorolla y personajes de Blasco Ibañez. Al famoso escritor valenciano, que adoraba el barrio, no le gustaría saber que hoy en día la amenaza es una avenida con su nombre.
Desde los años 80, se había planteado la posibilidad de remodelar el barrio en varios proyectos del PGOU. La mayor parte de ellos fueron desechados porque alteraban el trazado original del barrio. El barrio del Cabanyal fue catalogado como bien de interés cultural en el año 1993. Sin embargo los proyectos siguieron existiendo. La llegada del PP al ayuntamiento de la ciudad los agilizó. La alcaldesa Rita Barberá convirtió la prolongación de la Avenida de Blasco Ibáñez a través del barrio, en su proyecto estrella. Esto significaba la demolición de más de mil casas, muchas de ellas con un enorme interés histórico-artístico. Además era contradictorio con la declaración de Bien de Interés Cultural. Las asociaciones de vecinos fundaron en 1998 la plataforma Salvem el Cabanyal, que pretendía paralizar el proyecto y poner fin a la progresiva degradación del barrio por el abandono del ayuntamiento. Según esta plataforma, el objetivo era muy claro. Había que dejar el barrio en una situación de total abandono y degradación. La droga y la delincuencia campan a sus anchas por el barrio sin que el Ayuntamiento haga nada por evitarlo. De este modo, el derribo de miles de casas y la apertura de la gran avenida sería la única solución. Ellos no se resignaron. Acudieron a todas las instancias políticas y judiciales que estaban en su mano. En Junio de 2009 el Tribunal Superior de Justicia da la razón a los vecinos y suspende los derribos. A finales de año, el Ministerio de Cultura califica las obras de "Expolio de Bien Cultural" y paraliza cualquier derribo. La Generalitat de Valencia, presidida por Francisco Camps, contesta con un decreto-ley de urgencia que garantiza la continuación de las obras. Nos encontramos por tanto con un conflicto entre gobierno central y autonómico. Y unos vecinos que luchan por conservar su barrio como una riqueza cultural de todos. Detrás de todo este plan aparece el fantasma de la especulación. Como siempre.
Fotografías:
Vía principal del Cabanyal
Fachadas modernistas de principios del siglo XX.
El popular Teatro de la Estrella.
Lonja de los Pescadores.
Operarios en el derribo de la simbólica Casa de la Palmera. (EL PAIS).

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