lunes, 11 de enero de 2010

Unión Europea. Presidencia española.

A VUELTAS CON LA UNIÓN EUROPEA
EUROPA, SIEMPRE EUROPA
Hay que tener un notable cuidado con las mitificaciones y los pedestales. Porque si lo sacralizado no colma todas las expectativas, la riada de decepción puede llevarse por delante hasta el mejor pedestal. España inaugura la presidencia de turno de una Unión Europea que cumple 17 años (si consideramos su refundación) o 53 si incluimos el Mercado Común. Ha sido exaltada como el modelo perfecto de integración entre estados, el modelo a seguir en Iberoamérica o África. El saliente Javier Solana (ex Mr. PESC) lo define como "una arquitectura política casi perfecta". Pero la realidad demuestra que más de la mitad de los europeos no conoce bien las instituciones europeas, no se sienten representados por ellas y, lo que es peor, no se fía de ellas. El déficit democrático queda al descubierto: un conjunto de países que ceden soberanía controlada por sus parlamentos a unas instituciones capitaneadas por un Consejo Europeo (los presidentes de todos los países) que pueden tomar decisiones a su antojo.
Las ideas y proyectos europeístas son muy antiguos. Carlos V o Napoleón, soñaron con reorganizar Europa a la fuerza, siguiendo sus propios criterios. También Hitler tenía su propio proyecto para Europa que, afortunamente para todos, fracasó. Y el bloque del Este también tuvo su proyecto, hasta que se les cayó el muro encima en 1989. La actual Unión Europea procede del proyecto ideado tras la Segunda Guerra Mundial. En 1950, Europa estaba arrasada y desmoralizada por el peor conflicto bélico imaginable. Era evidente que los europeos ya se habían matado entre ellos lo suficiente. Y su pequeñez frente a Estados Unidos y la Unión Soviética los convertía en peones de la política mundial. El francés Robert Schuman, el aleman Konrad Adenauer y el británico Winston Churchill, pusieron sobre la mesa la necesidad de una colaboración más estrecha entre los europeos. En 1951 se firma en París el tratado fundacional de la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA). Era el primer paso de algo mucho más grande. Francia, Alemania, Holanda, Bélgica, Luxemburgo e Italia, hacían realidad el proyecto de fundación de una entidad europea, aunque de momento solo sería un mercado común. En 1957, por el Tratado de Roma, se convierte en la CEE (Comunidad Económica Europea). El proyecto fue todo un éxito. La Europa revitalizada por el Plan Marshall logró crecer y prosperar de manera conjunta. En 1965 el proyecto inicialmente económico se politiza. Europa caminaba hacia la cooperación política. Nace el Consejo Europeo y la Comisión Europea. Se reune el primer parlamento conjunto, con representantes de todos los países. Este parlamento no se escogería diréctamente por voto hasta 1979. El exitoso experimento incluyó un fracaso desde sus inicios: la no participación británica. El Reino Unido no se sentía con vocación europea y estaba muy lastrado por la idea imperial que dominaba todavía en los medios de Londres. Se prefería una independencia de la Europa continental y una colaboración con Estados Unidos. Tampoco Suiza o los países escandinavos fueron muy receptivos, ya que pretendían mantener el control de su comercio. La España franquista tanteó la entrada, pero los europeos no estaban para dictaduras. La Comunidad Europea siguió creciendo y reinventándose a si misma. La cooperación era cada vez más estrecha y el espacio europeo más amplio. El éxito atrajo nuevos miembros que en un principio no habían confiado en él, o sencillamente no fueron invitados. En 1973 ingresaron Irlanda, Dinamarca y, por fín, el Reino Unido. En 1981 accedió Grecia. En 1986 ingresaron España y Portugal, libres ya de dictadores. El Acta Única Europea, firmada en 1987, establecía la total libertad de capitales y servicios. Además Europa iniciaba el camino para ser reconocida como actor internacional, elemento que sigue siendo su punto flaco. Con el Tratado de Maastricht (1992) nació la Unión Europea. Nació el concepto de nacionalidad europea y la moneda única, el euro. Desde entonces hasta ahora, la UE ha firmado muchos más acuerdos (el último el de Lisboa en 2007). Han entrado nuevos miembros del antiguo bloque comunista y de Escandinavia. Son ya 27 países que construyen su futuro en común. Demasiados países para ponerse de acuerdo fácilmente. La unión ha fortalecido el Parlamento Europeo y ha creado la figura de un presidente permanente, cargo que ocupa el belga Herman Van Rompuy. La UE tiene ante ella un montón de retos pendientes, entre los que hay que destacar:
1. Su papel político en el mundo. La Unión Europea ha sido calificada de muchas maneras por el resto del mundo, pero una de las más humillantes es el sambenito de "enano político". El gigante económico que más comercio mueve en el mundo, apenas cuenta en la escena internacional. Cuando corresponde tomar decisiones urgentes, las grandes potencias como Reino Unido, Gran Bretaña o Francia, hacen la "guerra por su cuenta" (y esto no es solo una frase retórica). Los dos mayores fracasos de la UE fueron la Guerra de Yugoslavia y la Guerra de Irak. Europa se mostró dividida y vacilante, cuando no caótica. Hablar con una sola voz va a ser el gran reto de la UE, el mayor.
2. El "déficit democrático". Otra etiqueta que va a ser difícil de superar. Aunque el Parlamento Europeo se escoja cada cuatro años, la mayor parte de los europeos se sienten ajenos a lo que se cuece en Bruselas. Parece un mundo cerrado y hermético, muy alejado de los problemas de los ciudadanos. La abstención en las elecciones europeas es enorme. Esta claro que las instituciones europeas no han conectado con los ciudadanos. Además no queda claro como los europeos podemos controlar un centro de decisiones en manos de burócratas y el Consejo Europeo. Muchas decisiones europeas han sido rechazadas en referéndums nacionales. Y seguirán siendo rechazadas en el futuro. Bruselas, capital de la UE, se ha convertido en el manifestódromo por excelencia de toda Europa.
3. ¿Dónde acaba Europa? Buena pregunta. Geográficamente acaba en las cordilleras de los Urales y el Caúcaso. Pero culturalmente no está nada claro. Chipre es un país asiático que forma parte de la unión. Y Georgia o Armenia tienen más que ver con Europa que con los países circundantes. Rusia es un país europeo sin lugar a dudas, pero su ingreso es una quimera imposible. La petición de ingreso del gigante musulmán (Turquía), hace temblar a los países occidentales. Y Croacia, Islandia, Macedonia, Serbia, Albania... todos están en el pasillo de espera. Como curiosidad, sólo una petición de ingreso fue rechazada definitivamente: la de Marruecos. Quizá debería replantearse el tema de la calidad, frente a la cantidad. Porque la absorción de nuevos mercados es muy buena para los empresarios europeos, pero debe ir acompañada de inversiones en los nuevos países. La UE podría morir de indigestión.
Si la Unión Europea quiere convertirse en un gran actor internacional y representar los intereses y aspiraciones de todos los europeos, le espera un gran trabajo. Tendrá que seguir reinventándose.
Imágenes:
Banderas de la Unión Europea (bmvbs.de)
Fotografía de Robert Schuman
Una de las mucha manifestaciones en Bruselas, junto a las instituciones europeas (EFE)
Mapa de la UE (wikimedia commons)

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