sábado, 6 de febrero de 2010

Historia de los Estados Pontificios y el Vaticano.

HISTORIA DEL PAPADO
EL REINO DE DIOS EN LA TIERRA
El pasado mes de enero, la prensa filtró una carta enviada por el nuncio vaticano en Francia a los diputados conservadores del Consejo de Europa. En esta misiva, la Iglesia Católica recordaba la obligación de estos diputados de votar de una manera acorde a su fe. El resultado fue un escándalo mayúsculo, ya que se iba a debatir una resolución contra la marginación de los homosexuales. La carta colocaba a estos diputados en la tesitura de votar a favor de la marginación. No es la primera vez, ni será la última, que el Vaticano se inmiscuye en la política. A ningún estado mundial se le permitiría el nivel de intromisión que practica el Vaticano y su jefe de estado, el Papa. Esto se debe al doble papel del Papa como jefe de un estado minúsculo, pero también como cabeza de una doctrina que tiene 1.200 millones de seguidores en el mundo. El Papa de Roma es respetado por miembros de otras religiones, idolatrado por algunos, pero también odiado por otros. Su pequeño estado, la Ciudad del Vaticano, apenas tiene 1,5 kilómetros cuadrados pero su influencia es enorme. En realidad, es lo que quedó del antiguo reino perteneciente a los papas, los Estados Pontificios.

Tras el Edicto de Milán, firmado por el emperador romano Constantino I en el año 313, los cristianos dejaron de ser perseguidos. En ese año solo siete, de los cincuenta millones de habitantes del Imperio Romano, eran cristianos. A partir de este momento su carrera fue imparable. Lograron encaramarse hasta los más altos resortes del poder y eliminar de una manera sistemática cualquier rastro de los antiguos cultos. Sus persecuciones fueron mucho más duras y persistentes que las que ellos habían sufrido. Su sede en Roma comenzó a acumular gran cantidad de bienes inmuebles y territoriales, que fueron conocidos como el Patrimonio de San Pedro. En un primer momento, estos territorios no implicaban ningún cargo político. Pero el traslado de la capital a Constantinopla y la posterior decadencia del Imperio Romano de Occidente, dejaron la Ciudad Eterna en manos de los pontífices. Tras la conquista de la ciudad por el emperador bizantino Justiniano, se aprobó una pragmática que les permitía tener ejército y administración propia. Los Papas, sin embargo, seguían dependiendo de los emperadores bizantinos, como sucesores legales del Imperio Romano. Pero su relación con ellos fue muy tormentosa. Además, el Patriarca de Constantinopla no aceptaba la superioridad de su colega de Roma. En el año 1054 las dos iglesias rompieron definitivamente. El Papado estaba más interesado en Occidente. Los Papas gobernaban sobre toda la región del Lacio, pero esta soberanía no era reconocida por Constantinopla. Por tanto, lo mejor era buscar nuevos protectores. El reino de los francos se estaba convirtiendo en el más poderoso de occidente, y el Papado puso sus ojos en él. El pontífice Esteban II se hallaba angustiado por el acoso de los lombardos. Pidió ayuda al rey franco Pipino el Breve, que envió tropas y puso fin al cerco de Roma. Además, Pipino otorgó al Papa la soberanía sobre las Marcas y Rávena. Esteban II logró la entrega de todos estos territorios tras exponer un documento falso, conocido como La Donación de Constantino. Esta donación se basaba en una leyenda y nunca existió. Acababan de nacer los Estados Pontificios que, con ligeras variaciones, iban a perdurar durante once siglos. Y habían nacido sobre un testimonio falso. Fue un acuerdo muy beneficioso para ambos. Pipino buscaba ser reconocido como emperador y quitarse el complejo de inferioridad frente a los emperadores bizantinos. Carlomagno, hijo de Pipino, fue coronado Emperador de Occidente por León XIII, en la navidad del año 800. La alianza había quedado definitivamente sellada. Sin embargo, los sucesivos Papas seguirían enfrentándose a los emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico para defender su supuesta superioridad sobre el poder civil. Ellos eran reyes de un pequeño reino, pero también representantes de Cristo en este mundo, y por tanto su superioridad moral debía quedar fuera de toda duda.
No habría en esta entrada espacio suficiente para nombrar todos los Papas. Pero sobre todo, no habría espacio para relatar la larga historia de matanzas, inmoralidades, corrupciones, asesinatos y depravaciones que los pontífices protagonizaron. El sentido de la moralidad que la Iglesia Católica imponía a sus fieles, raramente se cumplía en Roma. El cargo de Papa llegó a convertirse en hereditario, trasferido de padres a hijos, en una iglesia que exaltaba el celibato como norma principal de sus clérigos. En política exterior, el Papado practicó una diplomacia cambiante, dependiendo de la potencia predominante. Los Papas buscaron protectores entre los grandes monarcas, pero también financiaron todo tipo de Ligas Santas y alianzas secretas contra cualquier potencia que les molestara. Consideraban que la península Itálica en su totalidad les pertenecía. Cualquiera que visite hoy el Vaticano puede ver la famosa sala de mapas, con todos los territorios de la península representados en grandes murales. Estas aspiraciones sentaron muy mal en las repúblicas de Venecia, Florencia y Milán. Pero los Papas podían excomulgar a cualquier gobernante que se les opusiera. Esta era su principal arma política, junto a la potestad de coronar al emperador del Sacro Imperio. Esta política cambiante llegó a exasperar al cristianísimo Carlos V (Rey de España y Emperador). Carlos V envió en 1527 a sus tropas mercenarias (con muchos alemanes protestantes entre ellas) a saquear Roma. El motivo era la alianza del papa Clemente VII con Francia. De los 149 guardias suizos que defendían al Papa, sólo sobrevivieron 42. Clemente logró huir al Castillo de Sant 'Angelo por un pasadizo secreto. Desde allí pudo contemplar como la ciudad era saqueada a placer por los mercenarios. Tuvo que pagar 400.000 ducados como rescate para conservar la vida. Este suceso sirvió para recordar a los cardenales de Roma que, aunque el Papa fuera el representante de Dios en la Tierra, la diplomacia terrenal podía ser muy dura. En 1517, el monje alemán Martín Lutero clavó en la puerta de madera de la iglesia de Wittemberg sus 95 tesis contra las indulgencias. Se había iniciado la reforma protestante, que acabaría por escindir todo el norte de Europa del catolicismo romano. El comportamiento del Papado respecto a este grave problema, no pudo ser más estúpido. La excomunión de Lutero no podía esconder los abusos de las indulgencias. La Iglesia Romana vendía indulgencias (perdón de los pecados) para financiar las obras de San Pedro en Roma. Después de esta enorme pérdida, la Contrarreforma emanada del Concilio de Trento (1545-1563) no pudo erradicar todos los problemas de corrupción existentes en la Iglesia.
El trascurso de los siglos convirtió a los Estados Pontificios en un reino anticuado, caduco y ajeno a la realidad política y social que se vivía en Europa (aunque no era el único). La Ilustración fue recibida como un pecado manifiesto contra los dogmas de la Iglesia. La Revolución Francesa fue condenada duramente. Pero los nuevos principios modernos emanados desde Francia, no tardarían en llegar. Napoleón Bonaparte invadió Francia en 1797 y ocupó la ciudad de Roma. El papa Pío VII fue apresado y enviado a París. Acababa de descubrir de golpe la modernidad. Napoleón le obligó a coronarle como Emperador de Occidente en 1804. En contra de la costumbre, el nuevo emperador no consintió que el pontífice le colocara la corona y se la puso él mismo. Los tiempos cambiaban. Los Estados Pontificios fueron anexionados a Francia. Tras el Congreso de Viena se restauraron los Estados de la Iglesia, pero no iban a durar mucho. A lo largo del siglo XIX, el movimiento nacionalista italiano era cada vez más fuerte. Los papas intentaron capitalizar este movimiento en su beneficio, poniendo sobre la mesa su viejo sueño de reinar en toda Italia. El movimiento neogüelfo, que pretendía convertir a los papas en reyes de Italia, fue un fracaso absoluto. En la revolución de 1848 se proclamó la República Romana, y el papa Pío IX tuvo que huir de la ciudad para salvar su vida. A pesar del fracaso de este movimiento, Pío IX tenía sus días contados como monarca de los Estados Pontificios. El apodado como "último Papa Rey", se opuso con todas sus fuerzas a la unificación italiana, pero no pudo evitarla. En 1870 el ejército de la nueva Italia entró en la ciudad. El pontífice se encerró en sus palacios del Vaticano y declaró públicamente que se consideraba preso. Sin embargo, el peso del pontífice en la política mundial ya no era lo mismo. 59 años después, el papa Pío XI abandonó la rabieta política y firmó un acuerdo con el dictador fascista Mussolini (Pactos de Letrán,1929). En estos pactos se determinaba la independencia de un minúsculo estado que incluía los palacios del Vaticano y algunas basílicas por toda la ciudad. Había nacido el estado de la Ciudad del Vaticano. Con tan solo 1,5 kilómetros cuadrados, este nuevo estado no renunciaba a su proyección internacional. Siguió interviniendo en la política interna de todos los estados católicos, aunque esto exigiera apoyar golpes de estado ilegales y dictadores sangrientos. Pío XII hizo la vista gorda con el holocausto nazi y convirtió la Guerra Civil Española en una "cruzada". Los sucesivos papas, en el contexto de la guerra fría, mostraron sus respetos a Pinochet, Videla, Franco o Ferdinand Marcos. Los estados comunistas eran el enemigo, pero con todos los demás se podía llegar a un acuerdo. La diplomacia vaticana, a través de sus nuncios (embajadores), ha venido interviniendo de manera constante en la política interna de los estados. Y este tipo de influencia no parece que vaya a cambiar, a pesar de generar una enorme contradicción. La contradicción entre un jefe de estado que merece todos los respetos y un poder que intriga desde la sombra, en una Europa cada vez más laica.
Imágenes:
En cabecera. Retrato de Pablo III y sus nietos Ottavio y Alejandro Farnese (Tiziano)
"La donación de Pipino". Fresco del Vaticano.
Mapa de los Estados Pontificios.
Pio IX, el último rey de los Estados Pontificios.
Firma de los Acuerdos de Letrán (1929)
Bandera del Estado de la Ciudad del Vaticano.

5 comentarios:

  1. Nunca leí tantas verdades en tan pocas líneas desde que antaño me deleitaba con "Vuelva usted mañana" de Larra.

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  2. muchas gracias. Y creo que todavía me quedaron algunas verdades por decir.

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  3. Fantástica entrada. ¿Podrías indicar de qué libro salió el mapa? Me pareció sumamente completo.

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  4. Me encantaría ayudarte, pero el mapa lo tomé de internet. Es uno de los más repetidos si buscas un mapa de los Estados Pontificios.Si buscas en google, seguro que encuentras rápidamente la fuente original.

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  5. Es muy buena tu redacción corta pero con mucho contenido de la Iglesia Católica Romana por que asido la única religión que ha contado con un pisa propio & una riqueza incalculable; ninguna otra religión se puede igualar ala Católica.

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