sábado, 21 de agosto de 2010

Historia de Polonia

TRISTE POLONIA
Cuentan que hace muchos años, preguntaron a un polaco por qué su pueblo era tan católico. Su respuesta fue muy clara: " Entre alemanes a un lado y rusos a otro, solo nos queda el camino del cielo". Esta historia no es tan sólo una anécdota, ya que los polacos convirtieron el catolicismo en su seña de identidad frente a los alemanes luteranos y los rusos ortodoxos. Es muy difícil escribir unas líneas sobre algo tan largo y complicado como la historia y el carácter polaco. Pero sí merece la pena citar algunos sucesos históricos que configuraron a este pueblo indomable como un símbolo de resistencia, ante todo y ante todos.
El orígen de los polacos está en las migraciones eslavas. Durante el siglo VI, los polanie escogieron las inmensas y frías llanuras del Vístula como su hogar, sin sospechar lo estratégico y trágico de su colocación. Cuenta la leyenda que tres hermanos eslavos llamados Lech, Czech y Rus decidieron separarse y fundar sus propias ciudades. Cezch fundó la nación checa, Rus la nación rusa y Lech la polaca. Lech había encontrado un águila blanca que le guió en el camino y hoy es el símbolo de Polonia. Con lo que no contaba es con la agresividad de sus parientes. La dinastía Piast es la creadora de Polonia, después de su conversión al cristianismo. Para asentarse y sobrevivir, el nuevo reino tuvo que luchar contra el Sacro Imperio Alemán, Bohemia y la Orden Teutónica. En el siglo XIV, un matrimonio une a polacos y lituanos, formando uno de los reinos más extensos y poderosos de Europa (dinastía Jagellon). Durante los siglos XV, XVI y XVII, este poderoso estado derrotó a los caballeros teutónicos y a los suecos, levantó castillos, iglesias góticas y palacios renacentistas. Fue la edad de oro con la que sueñan todos los polacos. Y en verdad podemos decir sueñan, porque Hitler puso un especial empeño en que no quedara un monumento en pie. En el siglo XVIII llegó la decadencia y la desaparición. El último rey de Polonia, Estanislao Augusto Poniatowski, fue amante y títere de Catalina de Rusia. Después de tres repartos (1772, 1793, 1795) el país fue engullido por sus poderosos vecinos (Austria, Rusia y Prusia) y desapareció durante más de 100 años, pero no su población. Los indómitos polacos protagonizaron una de sus heróicas rebeliones destinadas al fracaso, dirigidos por el héroe nacional Tadeusz Kosciusko, pero no sirvió de mucho. Lo volvieron a intentar en 1830 y 1860, con resultados catastróficos. Miles de polacos murieron o partieron hacia el exilio en París o EEUU. Fue una enorme carnicería, pero no sería la última ni la peor. La represión zarista y alemana se endureció. El polaco quedó desterrado como lengua administrativa y la población lo utilizaba en sus casas y en las iglesias. Polonia seguía existiendo de manera, digamos espiritual, porque eran los polacos dominados los que mantenían el espíritu de la patria. La Universidad de Cracovia (zona ocupada por Austria) mantuvo viva la intelectualidad polaca, aprovechando la permisividad del gobierno de Viena. Durante este largo periodo de ocupación y división, los polacos lucharon muchas veces entre ellos porque militaban en ejércitos diferentes. La gran oportunidad polaca llegó tras la Primera Guerra Mundial. La Paz de París y el Tratado de Versalles garantizaban el renacimiento de Polonia, pero con unas fronteras muy controvertidas. Después de siglos de historia, los polacos se hallaban desperdigados desde Kiev hasta Dantzig. El problema fronterizo se saldó con una victoria sobre la nueva Unión Soviética, y la creación de un "corredor polaco" que daba acceso al mar y partía el territorio alemán en dos. Ni alemanes ni rusos olvidaron esta afrenta. La nueva República de Polonia surgía como un cordero entre dos lobos hambrientos y deseosos de venganza. Durante el periodo entre las dos guerra mundiales, los polacos vivieron un florecimiento cultural para recuperar el tiempo perdido. Chopin o Copérnico fueron los símbolos de ese orgullo nacional. El sueño de la Polonia libre se acabó en 1939, cuando Alemania cañoneó las defensas polacas de Westerplatte con una excusa patética, provocando la Segunda Guerra Mundial. Previamente, Hitler y Stalin habían pactado la partición del país. Pocas cosas unían a soviéticos y nazis, pero una de ellas era el odio a los polacos. El gobierno soviético detuvo a más de 20.000 intectuales, políticos y oficiales, que fueron asesinados y enterrados en el bosque de Katyn. La historia del país durante la guerra es la historia de la destrucción, la catástrofe y el exterminio, pero también del valor de un pueblo que fue el único en toda Europa que se rebeló contra Hitler, más allá de la resistencia clandestina y la guerrilla. Hitler tenía sus propios planes para los polacos. Los nazis consideraban a este pueblo como una raza inferior y plagada de judíos. La idea "genial" de Hitler consistía en el casi total exterminio de los polacos para instalar colonos alemanes. Polonia albergó los campos de exterminio más macabros de Europa. Auschwitz-Birkenau, Treblinka, Sobibor, Chelmno... nombres que evocan el horror y que se sitúan en Polonia. Tres millones de judíos (la casi totalidad) y un millón de polacos murieron en campos de trabajo y exterminio. La ciudad de Varsovia pasó a la historia por su tenaz resistencia en medio de la total desesperanza. En abril de 1943 se sublevaron lo judíos del gueto, que lograron resistir un mes. El resultado fue el desmantelamiento total del gueto y la deportación a Treblinka. En agosto de 1944 estalló la insurrección polaca en Varsovia. Los nazis tardaron más de un mes en sofocarla, mientras las tropas soviéticas contemplaban el espectáculo desde las puertas de la ciudad sin ayudarles. Para ellos, los rebelados eran "anticomunistas". El iracundo Hitler ordenó que Varsovia fuera arrasada hasta los cimientos. Y la orden fue cumplida de manera bastante "efectiva". Hoy no queda nada de aquella bella Varsovia, el "París" del este. Al finalizar la guerra en 1945, Polonia era un montón de ruinas. Exceptuando Cracovia, casi todo el patrimonio arquitectónico y artístico había sido destrozado. En Varsovia, solo el 15% de los edificios se mantenían en píe, al menos con una pared. Entre 1945 y 1989, el país vivió la angustia de la dictadura comunista. Por decisión de Stalin, las fronteras polacas vivieron una de las operaciones de "ingeniería demográfica" más absurdas de la historia. Millones de polacos tuvieron que abandonar territorios en los que vivían desde hacía siglos, porque habían sido entregados a la URSS. A cambio recibieron viviendas en las nuevas provincias arrebatadas a Alemania, de las que previamente habían huído alemanes que también habían vivido allí durante siglos. Los monumentos fueron reconstruidos desde cero, como si fueran nuevos, pero no la democracia. Prohibido hablar de la insurrección de Varsovia. La palabra Katyn no se citaba. Fue el sindicato Solidaridad el que abrió el camino a la democracia con su enfrentamiento en los astilleros de Gdansk desde 1988. Y luego llegó la democracia y la UE. Pero eso es otra historia.
Hoy, contradiciendo el título de esta entrada, hay una Polonia alegre. Una Polonia que crece y se moderniza, aunque sigue apegada a tradiciones, rituales religiosos y costumbrismos que suenan medievales. Los polacos exhiben con orgullo sus palacios nuevos, que imitan a la perfección los antiguos. La UNESCO declaró el casco antiguo de Varsovia Patrimonio de la Humanidad. Era un premio por la fidelidad de la reconstrucción y el esfuerzo invertido. También es el símbolo del anhelo de existir de los polacos. Sin embargo, no ocultan esa otra cara de país: campos de exterminio, guetos, sinagogas incendiadas... Asumen el "turismo del horror" como algo lógico e inherente a una historia trágica, un homenaje a sus antepasados y una manera de mostrar que resistieron. Decía Voltaire: "Dichosos los pueblos cuya historia se lee con aburrimiento", y desde luego los polacos no han tenido tiempo de aburrirse.
Imágenes:
-Imágen de Varsovia durante el levantamiento de 1944 (Museo del Levantamiento. E. Lekajski)
-Mapa de los repartos de Polonia.
-Mapa de Polonia en 1930.
-Imagen de la sublevación del gueto de Varsovia (Museo del Holocausto de Nueva York).
-Auschwitz (Antonio Jiménez)
-Casco antiguo de Varsovia (Antonio Jiménez).

No hay comentarios:

Publicar un comentario